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lunes, 8 de agosto de 2011

JAPAN – Hiroshima: Never Ever


Hoy se cumplen 66 años de una fecha fatídica en la historia de la humanidad, fecha que harían enrojecer de vergüenza a cualquier ser con vida y inteligencia que habitase en el cosmos, aparte de nosotros, los temibles terrícolas.  Me estoy  refiriendo al apocalíptico 6 de agosto de 1945 cuando eran las ocho y quince minutos hora de Japón.  Una bomba atómica de uranio enriquecido de casi 9,000 libras de peso, con el poder destructivo de unas 13,500 toneladas de TNT, hizo explosión a 618 metros de altura, sobre el corazón de la ciudad mártir de Hiroshima, creando una ola de calor de 3,000 grados centígrados y produciendo su onda expansiva, vientos huracanados de 1,200 kilómetros por hora.  Esta salvajada mato a 130,000 seres humanos.  Y creando al mismo tiempo una nube de radioactividad que provoco posteriormente la muerte de más de 70,000 personas.  
Al enterarse de la macabra hazaña, el presidente Harry Truman gritaba cual un poseso, “Este es el día más grande de la historia”, repitiéndolo con gran énfasis dentro del acorazado Augusta, mientras las víctimas de este demente homicida gritaban, “Agua!  Agua!” mostrando en sus rostros las atroces quemaduras.
La explosión atómica destruyo casi completamente la identidad de Hiroshima como una ciudad.  Más de un cuarto de la población fue aniquilada de un solo golpe.  La bomba atómica fue creada para producir la cantidad más grande de daño posible.  El avión que lanzo la terrorífica bomba volaba a 32,000 pies de altura, totalmente inalcanzable para las baterías antiaéreas que defendían la ciudad.  Este sangriento e inútil castigo nos demuestra una vez más la razón que tenía el poeta romano Plauto al afirmar, “Que el hombre es un lobo para el hombre.”  El ataque fue sin ninguna duda, un acto de terrorismo duro y puro.  Debido que no más de 7,000 soldados japoneses murieron en él cuando la fuerza presente en la ciudad eran de 70,000 soldados, las inmensas mayorías de las víctimas eran civiles.  En si el ataque atómico tenía una clara lectura política.  Pues Japón estaba vencida y postrada, se trataba de mostrar el gran garrote a la Unión Soviética, dándole a entender quien eran a partir de ese momento el nuevo poder en el mundo.
Les dejo con un pequeño extracto de un libro sobrecogedor sobre el ataque a Hiroshima.  Es de un escritor americano llamado Peter  Wyden.  El libro se titula, Día Uno.  “Habían muchos estudiantes que gritaban, pidiendo auxilio.  Muchos no tenían rostros.  Los ojos, narices y bocas se habían quemado y parecían como si se les hubieran fundido las orejas.  La mayor parte de los rostros y cuerpos estaban grotescamente hinchados por las quemaduras.  Era difícil distinguir la frente de la espalda”
 “Muchos de ellos tenían los rostros completamente quemado, las cuencas de los ojos vacios y el fluido de los ojos fundidos les corría por las mejillas.  Una masa de gente ennegrecida y sangrante cruzaba un puente.  Tenían el cabello erecto, ensortijado por las quemaduras.  Algunos gritaban o gemían.  Muchos tendían manos y brazos ante ellos, con los codos hacia fuera.  Otros se apoyaban entre si y caminaban dando traspiés porque no podían ver.

Today marks 66 years of a date in history of humanity, a date that would shame any being with intelligence that lives in the universe apart from us, the terrible earth habitants.  I am referring to the apocalyptic 6 August 1945 when it was 8.15 in Japan.  An atomic bomb of enriched uranium of about 9,000 pounds in weight, with the destructive power of 13,500 tonnes of TNT, exploded at a height of 618 m, above the heart of the martyr city of Hiroshima, creating a heat wave of 3,000 degrees centigrade and producing its expansive wave, hurricanes of 1,200 km/h.  This savage explosion killed 130,000 human beings.  And creating at the same time a wave of radioactivity that provoked in its posterity the deaths of 70,000 people.
When he learnt of the macabre event, the president Harry Truman shouted like a man possessed, “This is the greatest day in history,” repeating it with great emphasis within the battleship Augusta, while the victims of this demented homicide shouted, “Water! Water!” with the atrocious burns on their faces.
The atomic explosion destroyed nearly completely the identity of Hiroshima as a city.  In addition 25% of the population was annihilated with a single stroke.  The atomic bomb was created to produce the greatest damage possible.  The plane that launched the terrifying bomb was flying at a height of 32,000 feet, and was totally unreachable for the ant aerial artillery that defended the city.  This bloody and useless punishment shows us that once more the Roman poet was right in saying that, “Man is a wolf preying upon other men.”  The attack was without doubt an act of terrorism, pure and simple.  Due to the fact that 7,000 soldiers died among the 70,000 soldiers stationed there, the immense majority of the victims were civilians.  In itself the atomic attack bore a clear political lesson.  Since Japan was already vanquished, this was more than anything else a warning to the Soviet Union, demonstrating that the USA was the new superpower in the world.
I leave you with a short extract of the chilling book about the Hiroshima attack.  It was written by an American writer named Peter Wyden.  The book is titled Day One.  “There were many students that shouted and pleaded for help.  Many did not have any faces.  The eyes, noses and mouths have been burnt and it seemed like their ears have melted.  The majority of their faces and bodies were grotesquely swollen due to the burns.  It was hard to distinguish their fronts from their backs.”
“Many of them had their faces totally burnt, the orbits of their eyes were empty and the fluids of their fused eyes flowed down on their cheeks.  A mass of people charred and bloody crossed a bridge.  They had their heads erect, curled by the burns.  Some shouted or moaned.  Many had their hands and arms hanging before them, with their elbows turned outside.  Others were supporting each other and walked and stumbled because they could not see.”


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