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lunes, 5 de octubre de 2015

STALIN Y EL TERROR COMO DOGMA


Pocos son los dictadores en el siglo pasado, que han podido superar la infinita crueldad de Stalin.  Siempre tenemos en nuestro subconsciente la figura del villano por excelencia personificado en la vil figura de Hitler.  Es el hombrecillo del ridículo bigotillo, al que mencionamos siempre cuando se habla de los totalitarismos del siglo pasado.  Mientras tanto del georgiano empapado en la sangre de millones de sus víctimas, sólo hablamos de sus crimenes  de una manera algo tímida.  Es como si molestara definir a esta hiena y sus terribles matanzas como algo intrascendente en comparación con el maligno de Hitler.  Al monstruo alemán ya desde la infancia nos educan para odiarle.  Sin embargo para Stalin todo eran alabanzas.  Un significativo ejemplo fue la Oda a Stalin, obra del poeta chileno Neruda.  Hoy en día los libros dedicados a denigrar a Hitler son más numerosos, que los que tratan de la personalidad sicópata que padecía Stalin.  Hasta en el mundo del cine, siempre se opto por ridiculizar a Hitler antes que Stalin.  Un caso clásico fue la película de Charle Chaplin, Él Gran Dictador.  Algunos historiadores han podido describir la figura de Stalin, como alguien desproporcionado, casi diríase grotesco.  El tronco era demasiado corto, y sus brazos demasiado largo, algo digno de un orangután, diría yo.  Su semblante era pálido y brutal, dientes negros como consecuencia de su adición de fumar en pipa.



Stalin como es sabido, destruyó el legado de la Revolución Rusa, y en el año 1937 descabezó al Ejército con su sangrienta purga, en la que fueron ejecutados miles de valiosos cuadros militares.  Entre sus víctimas se encontraba el general con más talento de la Unión Soviética, Mijaíl Tujachevsky.  Su paranoia criminal fue mucho peor que la de Hitler.  Por lo menos Hitler tuvo la valentía de pegarse un tiro y morir entre los escombros de Berlín.  Sin embargo este asesino de campesinos rusos, murió ocho años después del fin de la segunda guerra mundial.  Su muerte fue larga y agónica, tardó tres días en dejar este mundo al que tanto daño infligió, lógico en un sátrapa de su calaña.

4 comentarios:

  1. Siempre se le revistió como paladín de la democracia, Agustín, y su lucha contra el sátrapa hitleriano no hizo más que blanquear lo que era una dictadura atroz. Para más inri, él era la figura visible del régimen ruso, la Revolución comunista, y por muy claros que fueran sus desmanes, la brutalidad y la barbarie de su totalitarismo, la utopía estaba por encima de toda lógica.
    Aún hoy hay quienes le defienden.
    Un saludo.

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    1. En el caso de Stalin lo que parecia una utopia,mas tarde se convertiria en una terrible distopia.Fue tan nefasto este elemento,que a su lado Lenin era un ser beatifico,jejeje,un saludo,.

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  2. Es que para los progres, las dictaduras malas, son las dictaduras de de la derecha. Y aunque Hitler era un socialista, como se enfrentó a los comunistas, le tildaron de dictador de derecha. De ahí esa inquina contra Hitler y que traten de disculpar a Stalin. Saludos

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    1. Sencillamente el Comunismo ha provocado 100 millones de muertes en todo el mundo,desde la epoca de Lenin hasta hoy mismo en Corea del Norte.Eso si si no existiera un Hitler habria que invertarlo.Es la mejor escusa para seguir con la misma tonadilla,saludos,

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