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jueves, 13 de octubre de 2011

FICTION – Utopia versus Reality

Ayer aprovechando la bonanza de un día primaveral, decidí dar un paseo por unas de las desérticas y tranquilas playas que circunda la idílica ciudad de Auckland en New Zealand.  Mientras que disfrutaba de la quietud del lugar, algo extraño sucedió en mi mente.  Ocurrió que mirando fijamente al horizonte sin límite del mar, podía ver el mundo, como nunca antes pudiera haberlo imaginado.  De repente sin poder explicarme cómo, me encontré trasportado a la ciudad de New York.  Allí pude presenciar como cientos de miles de personas desfilaban acompañados de sus seres queridos y animales de compañías, en una multicultural y colorista procesión.  Más lo que más me llamaba mi atención era que portaran en sus manos tarjetas de Visa de diferentes usos.  Otros cientos de miles de personas blandían letras del Tesoros o Títulos de sus Hipotecas.
Todo se desarrollaba de una manera pacífica y festiva.  Pues la policía obsequiaba a los manifestantes con flores o botellines de agua mineral.  El final de la grandiosa y gigantesca manifestación tenía lugar en la emblemática Times Square.  Allí todos los esquemas que había aprendido sobre la condición humana se evaporaron al comprobar con mis atónitos ojos cómo la inmensa muchedumbre arrojaba con toda devoción los millones de tarjetas de créditos, títulos de hipotecas, letras del tesoro.  Todo ello era rabiosamente tirado a un inmenso y profundo hoyo, al que posteriormente se le prendió fuego, con cientos de litros de gasolina.  Era digno de contemplar como las llamas hacían subir al cielo las cenizas de todo aquello que un día había representado las cadenas que habían oprimido al género humano durante milenios, el maldito crédito.  Otras muchas ciudades tomaron el mismo ejemplo. Chicago, Boston.  Era como si una explosión de cordura  recorriese de punta a punta los EE.UU.  Las cadenas de televisión y radios informaban frenéticamente de nuevas manifestaciones en los lugares más recónditos de la nación.  Ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos, la onza de oro se desplomó hasta los 35 dólares, de los 2,000 dólares que valía.  Muchos altos ejecutivos se arrojaban por las ventanas de sus sofisticados despachos.  En un gesto que era todo un simbolismo, Ben Helicóptero Bernanke se estrelló contra el legendario Empire State.
Cuando más absorbido estaba con la visión de los manifestantes y su forma de proceder, sentí cómo el sudor bañaba todo mi cuerpo.  Estaba literalmente empapado y agitado, solamente los ladridos de mi perro me devolvió a la realidad.  No podía creerlo, había dormido 16 horas seguidas.  Rápidamente tomé una ducha y tras un frugal desayuno, encamines mis pasos al centro de la ciudad.  Pues la renovación de mi hipoteca expiraba esa misma mañana.  Fue entonces cuando volví a la amarga realidad.
Yesterday taking advantage of a beautiful spring day, I decided to take a stroll by the deserted and calm beaches that can be found near the idyllic city of Auckland in New Zealand.  While I was enjoying the calmness of the place, something strange happened in my mind.  It happened while I was fixated upon the infinite horizon of the sea, and I could see the world as never before.  Suddenly, without being able to explain exactly how, I was transported to the city of New York.  There I could see hundreds of thousands of people marching pass, accompanied by their loved ones and pets, in a multicultural and colorful procession.  What caught my attention most was the fact that they carried in their hands Visa cards of different uses.  Other hundreds of thousands of people brandished Treasury Bonds or Certificates of Title for their mortgages.  
The whole procession went by in the most pacifist and festive way.  There the police assisted the demonstrators by distributing flowers or bottles of mineral water.  The finale of the huge and gigantic manifestation took place at the emblematic Times Square.  It was then that all that I have learnt about the human condition evaporated, when I witnessed with my overwhelmed eyes how the immense crowd threw their credit cards, certificates of title of mortgages, treasure bonds into a huge and deep hole, to which fire was set with hundreds of liters of gasoline.  It was gratifying to contemplate the scene as the flames rose to the sky leaving behind ashes of everything that previously had represented the chains that had enslaved humankind for millennium; damned credit.  Other many cities followed suit, Chicago, Boston.  It was as if a there were explosions of logic in each and every part of the USA.  The television networks and radio stations covered the events and the manifestations in the most remote corners of the nation.  Before we could bat an eye, an ounce of gold collapsed in its price to US$35 from the sky high US$2,000 which it was worth.  Many high management executives threw themselves from the windows of their high end offices.  In a scene that was ever so symbolic, Ben Helicopter Bernanke rammed into the legendary Empire State building.  
When I was totally absorbed in my vision of the demonstrators and their procession, I felt that my body was covered with sweat.  I was soaked in perspiration and I felt agitated, while the barking of my dog brought me back to reality.  I could not believe it, having slept 16 hours uninterrupted.  I quickly took a shower and after a frugal breakfast, I started my trip back to the city.  I just remembered that my mortgage has just come up for renewal that same morning.  It was then that I was flung back to bitter reality.

2 comentarios:

  1. Bueno el sueño fue de lo màs estimulante y la realidad te llegò a tiempo, eso es saber soñar.

    Me gusta tu relato y tu blog.

    Te invito a pasar por el mio.

    um fuerte saludo

    fus

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