Qué rápido
ha sido para el ciudadano español habituarse al malévolo Euro. Nos vendieron la susodicha moneda como la
nueva panacea. Eso Sí, sin consultar al
pueblo, algo normal en nuestra blandengue nación. De golpe y porrazo algo que valía 100 pesetas
se convirtieron por arte de magia en 166 pesetas. De esta manera desde el 2002, que fue la fecha
de la implantación del Euro, es ahora cuando el ciudadano empieza a darse cuenta
de la disparatada idea de los gobernante, que casi por cojones no metieron en
el Euro. Para algunos economistas, el
Euro fue algo más que una suicida idea económica, pues la maldita moneda nos ha
equiparado a que tengamos los mismo precios en la alimentación de países como Holanda,
Alemania o Finlandia, pero no el mismo salario ni el nivel de vida de esos países. Toda esta pantomima para hacerle la
reverencia al Cuarto Reich Alemán.
¡Qué
lejos queda el tiempo de la opresiva dictadura, en que sí éramos una nación competitiva,
y con el aliciente de que podíamos devaluar nuestra propia moneda! Claro, a los cabezas cuadradas alemanas no le interesaba
que los países de la zona mediterránea pudieran competir con los del norte de Europa. Esa fue la razón del invento del Euro. A muchas personas le gustaría que volviera la peseta.
Más su justa opinión será tachada de locura,
o en su caso de amante del viejo régimen franquista. No es broma. En sí, todo asociamos la peseta con la dictadura,
pero de lo que se trata es de ser pragmático; desde luego con el euro nuestra
ruina será más rápida. Si volviéramos a
la peseta es cierto que durante dos o tres años lo pasaríamos bastante mal. Pero al cabo de un tiempo seriamos
competitivos y las exportaciones serian muy beneficiadas. Venga, atrévase señor Rajoy, y convoque al
pueblo de una vez. Pregúntele en un referéndum si quiere salir o
quedarse en el euro.
















