Algo que siempre me ha indignado hasta el límite es la gran hipocresía de los gobiernos que condena la eutanasia. Esos mismo gobiernos con sus tremendos poderes y influencias pueden enviar a la muerte a miles de jóvenes para mantener el nivel de vida de sus clases acomodadas. Las guerras promovidas por las plutocracias siempre necesita carne de cañon y la juventud es una magnífica cantera para sus maligno propósitos. Esas muertes inutiles son vanogloriadas como héroes de la patria. Pero un ser humano postrado en una cama de un hospital por años y conectado de forma artificial a una vida sin futuro es condenado de una manera hipócrita en defensa de la vida. Otro caso donde el desprecio a la vida se manifiesta de forma cruel y homicida es permitir que una mujer pueda aborta a los siete meses de estar embarazada. Aquí el respeto a la voluntad de la madre vale más que una vida de siete meses. En pocas palabras se permite un holocausto infantil y se condena una muerte digna y piadosa por eutanasia. Vivir para ver como la innominia es la moneda de cambio en estos nihilistas días, digo yo.

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