El maldito insomnio me hizo levantarme de la cama a las dos de la madrugada. Con algo de desgana encendí el televisor para entretener mi somnoliento tiempo. Puse las noticias como de costumbre y desde luego lo que podía oír era algo más que inquietante pues el locutor con un semblante más que sombrio está anunciando que Irán acababa de probar en el desierto de Lut su primera bomba atómica. Los días siguientes una cataratas de noticias inundaban las cadenas de las televisiones del mundo. Aparte del ensayo nuclear fuerzas armadas de Iran y Iraq, se habían confabulados para invadir y apoderarse de Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Bahrain, Catar y Jordania. Aunque lo más increíble y fantástico que ocurrió durante aquellos mágicos días fue la invasión por parte de las fuerzas armadas de Hezbolá respaldada por Iran del norte de Israel. Sin ninguna duda esos maravillosos días les estaban anunciando al mundo el nacimiento de una gran superpotencia. El Imperio persa del lejendario Ciro y Darío acababa de resucitar. Fue así como el mundo de ser tripolar se convirtió en cuadripolar. La guinda al espectacular avance de Irán en el club atómico fue la prueba de su misil Intercontinental de 14.000 kilómetros de distancia. Por supuesto Korea del Norte ayudó a que Irán consiguiera ese gran logro. Eso hacia por primera vez vulnerable a cualquier ciudad de USA. Como consecuencia del nuevo orden mundial los americanos volvieron a su política aislacionista, dejando a Europa a merced del nuevo expansionismo persa, digo yo.

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